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Opinión

Todos contra todos

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    Sin votos
    Su voto: Ninguno

El personal, lease españolitos de a pie, suele votar en las elecciones, ya sean municipales, autonómicas o gubernativas, con verdadera ilusión; con la ilusión de que sus futuros representantes políticos van a hacer todo lo posible, de acuerdo a sus ideas y posiciones, por mejorar la vida del pueblo que los ha elegido, cumpliendo o tratando de cumplir el programa por el que se les ha concedido la representación, no lo olviden, ante las distintas administraciones.

Dejando a un lado las municipales y autonómicas, que posponemos para otra ocasión y, centrándonos en las gubernamentales, una vez constituidas las Cortes, nos encontramos que la mayoría de los bancos del hemiciclo están ocupados por gente, que solo se preocupa de “pegarse” (metafóricamente hablando) con el contrario y de todo menos de aquello por lo que se les ha votado, que es legislar y llegar a acuerdos positivos para el pueblo. Y de esta manera, sesión tras sesión, suelen proporcionarnos actuaciones que podrían ser graciosísimas si no fuera por la seriedad de lo que estamos tratando. En el Congreso de los Diputados, se pueden ver situaciones en las que una señoría da el pecho a su niño recién nacido, otro, lleva y exhibe unas esposas o una impresora a sus compañeros diputados, aunque, por cierto, ¿qué pinta un separatista, que quiere romper España, en el Congreso? ¿Qué leyes puede aprobar en beneficio de los españoles de los que quiere separarse y, por tanto, se supone que si no desprecia, al menos minusvalora? ¿Qué se puede esperar de aquellos cuyo único afán es romper la Constitución actual, que les ha permitido estar ahí dentro y que nos ha servido para vivir, por ahora, treinta y nueve años en paz, cambiándola por otra parecida a la de un país sudamericano, que todos sabemos que no camina económica ni moralmente muy bien últimamente? ¿O de otros, que se llaman progresistas, que no hacen más que amenazar con derogar lo que han hecho los anteriores, sin pensar siquiera si está bién o mal hecho y, lo que es peor, sin lanzar nuevas ideas, solo las de volver a lo que se ha demostrado que no funcionaba bien? La verdad es que sus palabras suenan a todo menos a progreso. Y no debemos olvidar a otros, muy seriecitos ellos, que un día ven las cosas de color rojo, otras azul y, por último, quizá por ser un color mezcla de rojo y amarillo, naranja, sin aportar ninguna idea nueva, no se sabe si porque no las tienen o porque no quieren que se las copien, aunque cabe inclinarse por lo primero, más que por lo segundo y, por último, aunque sabemos y se está viendo, quizá ellos no y solo quieran contemplar tranquilamente la inevitable caída, conociendo que el “proces”, como todas las mentiras, también tiene las patas cortas y ya no puede avanzar más, el personal se pregunta, si no puede solo, por qué no se han unido los llamados partidos constitucionalistas y han dado un puñetazo conjunto en la mesa para terminar cuanto antes con lo que podríamos considerar una "aventura" irrealizable de unos cuantos señores que se han llegado a creer sus propias mentiras, intrduciéndolas incluso en los libros de texto, adoctrinando así a los menores desde hace años, que han crecido con esa especie de tumor mental dentro de su cabeza, que muchos, por no decir todos habíamos visto o escuchado alguna vez que se estaba produciendo; todos, claro está, menos los señores de los respectivos últimos gobiernos.

Y todo esto sin hablar de las corrupciones, gastos inútiles y otros dispendios, que nos llevaría casi a escribir un libro para tan solo describir cada una de ellas. O de la justicia, lenta hasta el aburrimiento; lenta hasta llegar a preguntarse, cuando de tarde en tarde alguien es condenado, ¿Y éste, quién era? Somos, en este y otros aspectos, partidarios, si no de modificar la Constitución, sí de retocarla lo suficiente para adecuarla a los tiempos actuales, pero para eso, nuestros electos deben juntarse, reunirse y llegar a pactos y acuerdos, dejando a un lado las demagogias baratas que tan de moda están hoy en día.

Viendo lo que está ocurriendo con la mayoría de nuestros “políticos”, pues queremos conceder el beneficio de la duda a unos cuantos y darles un aprobado raspado en su gestión, nos damos perfecta cuenta del por qué votamos con ilusión. Simple y llanamente por que somos unos ilusos.

@laquincena

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