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Opinión

La Constitución

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Como todos los años llegadas estas fechas, y sin que lleguen, da igual la época, surgen voces que piden la modificación de la Constitución que nos dimos los españoles que votamos y aprobamos con casi el 90% favorable, hace ahora treinta y nueve años, que transformaba el anterior régimen surgido de la Guerra Civil en una Monarquía Parlamentaria con un sistema de comunidades autónomas con ligeras variaciones de la antiguas regiones en que estaba dividida España.

Constitución, que dicho sea de paso, ha funcionado casi perfectamente,con más o menos altibajos, todos estos años, creando una España moderna, admitida en todos los estamentos mundiales; Constitución, la más moderna en aquellos entonces, que hoy todavía se conserva bastante bien, a pesar der sus treinta y nueve años de vida.

Desde hace ya algún tiempo, una de las peticiones más asiduas por algunos partidos es la de convertir España en un estado federal asimétrico, lo que nunca, recordemos la historia del país más antiguo de Europa, ha sido. Desde la antigua Hispania, dividida en varias regiones por Roma, pero sin romperla, pasamos, tras la caída del imperio romano, a la única etapa en que estuvo España dividida en varios reinos, que fueron uniéndose poco a poco, a medida que se reconquistaba el terreno que dominaban los invasores árabes, unas veces con bodas, otras con pactos, como el de Corbeil, de 1258, que tuvo de ambos, por el que Aragón y el imperio carolingio galo, además de maridos y esposas, intrcambiaron territorios. El primero cedió los de Occitania a aquel y el segundo a Aragón los de la parte de este lado de los Pirineos, que correspondía con lo que hoy es Cataluña, en aquel entonces frontera con los reinos árabes. Tras la boda de Isabel y Fernando, o por citar la fecha exacta, con la reconquista de Granada por éstos el 2 de enero de 1492, último bastión árabe en la península, España ha sido un país único, un reino dividido en regiones y provincias, las de aquí y las de ultramar, dependientes de un estado central, exceptuando unos meses de la I República o los casi ocho de la II, tras su, para muchos anómala proclamación, después de unos comicios municipales en 1931. Dicho esto, cambiar nuestra forma de convivencia desde hace más de quinientos años, bien como monarquía absolutista o parlamentaria, a una España asimétrica, plurinacional o como quieran llamarla, quienes la piden, no tiene mucho fundamento.

Otro grupito añora la última república como óptima forma de gobierno. Por lo que sabemos de cuáles eran sus fines en aquel entonces y lo que ocurrió en ella y en lo que finalizó; basta leer un poco de historia, no parece que tenga muchos atractivos el querer volver a ella.

Y ahora han salido por último otros que no quieren modificarla, sino derogarla y hacer otra nueva, según dicen al estilo bolivariano, también llamado socialismo del siglo XXI, implantado en un país sudamericano; país al que, se puede leer en prensa, escuchar en radio y Tv, últimamente no parecen irle muy bien las cosas.

Dicho todo esto, es posible que nuestra Carta Magna, necesite ciertos retoques, pues los tiempos cambian, debe uno adaptarse a ellos y la Constitución también. Ya no estamos en aquellos tiempos en los que se aprobó, temerosos de presuntas involuciones e incluso nuevas contiendas, en los que hubo conatos de violencia, que aofrtunadamente no llegaron a mayores, incluyendo el famoso golpe del 23F. Pero, reitero, retoques, añadir algunas cosas, especialmente en lo que se refiere a simbolos del país, pues a mucha gente nos duele mucho cuando, por ejemplo, se quema una fotografía del Rey, nuestro Jefe del Estado, o una bandera de España, o se pita nuestro himno nacional, instituido en el siglo XVIII, que incomprensiblemente carece de letra, aunque hasta 1975, con ligeras variaciones tras la guerra, tuvo la escrita por José María Pemán en 1928, excepto en el tramo de la II Repúbica que adopto el de Riego, por no hablar de la indecente exhibición de banderas inconstitucionales, como la estelada o la republicana, actos que junto a los otros citados, deberían ser castigados duramente.

Nuestro país es como un coche nuevo, que necesita su mantenimiento correcto para que funcione, pero nunca un cambio de motor o de caja de cambios distintos. Contentémonos con el mantenimiento, los cambios no funcionarían y tendríamos que comprarnos otros coche.

@laquincena

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