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Opinión

Presupuestos a tutiplen

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Los presupuestos son uno de esos trabajos que todo el mundo quiere hacer para asegurarse su futuro inmediato, tratando de que los gastos estén previstos con la suficiente antelación, para tratar de evitarse, siempre por sorpresa, disgustos y estrecheces no calculadas.

Los cálculos suelen hacerse más o menos por estas fechas, no se sabe si por influencia de Halloween, porque se acerca la navidad o porque se acaba el año, cualquiera de las tres suposiciones es válida, aunque los más serios aseguran que la que vale es la última, ya que hay que presuponer lo que va a ocurrir en el futuro, para asegurar la continuidad de la empresa de que trate, ya sea particular, empresarial o de alguno de los distintos grados en que se divide la gobernabilidad del país.

Aceptada la explicación, viene el análisis de cada una de las previsiones que nos suelen ocupar por estas fechas. La personal y familiar, separadas o unidas, no suele salir nunca, pues por mucho cálculo que se haga, siempre aparecen imponderables que dan al traste con lo previsto; una boda, una comunión, un viaje, la subida del petróleo… bastan para que cunda el desánimo entre muchos de los que se atreven al vaticinio, al comprobar su trabajo perdido.

Los empresariales, aunque sujetos también a alteraciones suelen ser más exactos, y casi siempre, más o menos aciertan en sus vaticinios. Y a excepción hecha del advenimiento de una crisis (toquemos madera) no tienen muchas diferencias en uno u otro sentido, además de que se suele revisar y cambiar cada poco tiempo, que no es como hacer trampas, pero casi. Creo que lo llaman ajustes, y así, cualquiera.

En los de carácter político, hay que incluir, primero que sea quién sea el color del que gobierne, la oposición, como no podía ser de otra forma, los va a poner de hoja de perejil. Que si había que aumentar aquí, que si bajar en este otro lado, etc.. cuestiones que entretienen durante unos días al personal, pues al final, se aprueban los que presenta el gobierno de turno, que a veces, quizá para contentar a la oposición, acepta alguna que otra enmienda que no satisface a nadie, pero ahí queda.

Y por último, en los políticos, se han puesto de moda los “participativos”, en los que se pide al pueblo, en algunas cuestiones, claro, que vote qué quiere que se haga con sus dineros. Y tras unos meses a urna puesta, se cuentan las pocas papeletas, siempre de gente afín, pues los de la oposición no se suelen molestar, y se determina qué se va a hacer en tal plaza, calle o lo que sea. No llegan al esperpento catalán, porque no hay separatistas por medio, nadie se mete con las urnas, y la gente no suele introducir de cinco en cinco las papeletas, pero casi, pues la oposición tampoco suele participar, aunque en esta ocasión la dejen.

Y una vez aprobados, sean los que sean, a esperar que el año que viene no haya catástrofes y se cumplan todos, que al fin y al cabo es lo que hace falta.

@laquincena

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