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Opinión

El vicio de pedir el voto

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    Sin votos
    Su voto: Ninguno

Sin llegar al esperpéntico ¿referendum? catalán del 1-O, que se mire por donde se mire no hay como cogerlo, los políticos, algunos, han puesto de moda que para arreglar, adornar, modificar, plantar, etc. dentro de su municipio, comunidad o lo que sea, pedir, en algunos casos proponer e incluso realizar un boceto de lo que se quiere hacer con tal o cual plaza, calle, edificio, jardín, etc. y después, si son muchas las propuestas, se les solicita que voten nuevamente para escoger entre dos o tres proyectos, y por último, como si de los Oscar o los Goya se tratase otro voto para elegir, ya sí, al finalista.

Visto así, la idea "participativa" no es mala, pero, siempre hay un pero. La democracia es el gobierno de la mayoría y en algunos casos, no siempre, surge del pacto entre fuerzas políticas que dejan de lado varias de sus promesas, por las que les hemos elegido, aliándose con otras, que no nos gustan del todo, para formar un ejecutivo que se parezca al menos un poco a lo que prometieron en sus programas, con lo que siempre se da la paradoja de que, aunque al que hallamos votado esté en el gobierno, siempre lo hará en minoría, pues si a sus socios, a los que no hemos dado nuestra confianza, añadimos los de la oposición, la suma es clara: ganan los segundos, y aunque nos quieran hacer ver que todos los de un lado son iguales y los del otro también, las diferencias son las que a la hora de votar, nos hacen decantarnos por uno u otro. De saberlo con anterioridad, el personal, quizá se abstuviera de acudir a las urnas, presumiendo que al final el partido de sus amores no iba a hacer lo prometido en el programa, por lo que quizá no mereciera la pena acercarse al colegio electoral.

Al margen de estos pensamientos cuasi filosóficos, sean o no de nuestro total agrado, son, no lo olvidemos, ellos, parece que sí, nuestros representantes legales. Y si lo son, ¿por qué nos piden nuestra opinión para tal o cuál cosa? Si les hemos depositado nuestra confianza, ¿no deberían evaluar ellos lo más conveniente? ¿para qué queremos representantes, si cada cosa que hay que hacer, tenemos que designarla nosotros? Con un par de personas vigilantes que nos avisasen de tal o cual deterioro o mejora, votaríamos la que más nos gustase y todo solucionado. El resto de cuestiones normales es trabajo a realizar por los correspondientes funcionarios de cada ente administrativo.

Para más “inri”, si añadimos que los votantes de la oposición no acuden a las urnas, que una gran mayoría de los simpatizantes tampoco, la elección se suele realizar por un número tan pequeño de ciudadanos, que, por supuesto, nunca personificarán a la mayoría, y, posiblemente ni siquiera a sus representados. La conclusión es clara y evidente: ¿Para que sirve votar, si el votado nos pide que volvamos a votar para elegir casi todo? Hágalo usted, que para eso le hemos dado el poder, y si no sabe hacerlo… respóndase a si mismo.

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