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Opinión

Algunos ingleses

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Dejando al margen a Drake (sir Francis), pirata especializado en atacar navíos españoles, nombrado caballero por la reina inglesa Isabel I, por aquello de que ya han pasado muchos años, y lo de Gibraltar, que también tiene su miaja de mandanga, aunque los británicos, muy suyos ellos, lo nieguen, al igual que los “llanitos”, como se conoce a los gibraltareños, lo cierto es que si echamos un vistazo a la actuación de los ingleses con respecto a España, y si me apuran incluyendo Europa, nos podemos encontrar con que unas veces son muy europeos y otras no quieren serlo. Solo hay que pensar en el Brexit, que cada día que pasa se les aleja un poco más la idílica separación de la Unión Europea que soñaban que fuera el invento que se sacó de la manga Mr. Cameron, sin pensar en el peligro que corría, de salir, como así ha sido, el famoso “NO”, que le ha costado el puesto, eso sí, dejándole una patata muy caliente a Mrs. May, que no sabe qué hacer con ella, con su economía, su libra y su conducción por la derecha.

Pero, soslayando los hechos políticos, caminando hacia otros niveles, nos encontramos con empresas, muy formales ellas, que hasta no hace mucho, aconsejaban a los turistas ingleses qué y cómo hacer para conseguir ser operados gratis en España de dolencias no cubiertas por su seguridad social, concretamente hasta que aquí se decidió a obligarlos a pagar un seguro que cubriese los gastos de la intervención quirúrgica. Hace unos días, aunque se escucha y lee desde hace tiempo, algunos hoteles españoles de zonas turísticas han sufrido la denuncia de viajeros ingleses por intoxicación alimentaria, que le han costado a los afectados más de 8 millones de euros en multas. Afortunadamente, ya hay seis detenidos de una empresa que se dedicaba a “tramitar” las denuncias, incluyendo la de un hotel por intoxicación de toda una familia en el bufett libre del establecimiento, cuando éste no ha tenido nunca ese servicio. Esperemos que las detenciones y otras medidas paren “esta moda” o los hoteleros se nieguen a darles de comer debido a su nacionalidad.

Tampoco nos debemos olvidar del conocido como “turismo de borrachera” que se practica un fin de semana en Salou, o Lloret de Mar, del que cada día están más hartos los vecinos, o el contínuo de Mallorca, en la zona de Magalluf, a la que incluso algunos taxistas de la isla se niegan a realizar trayectos nocturnos. Tambíen podemos trasladarnos a Canarias o Tenerife, con las mismos escenas de borrachera, sexo de todo tipo a cambio de alcohol y otras sustancias, desafortunados balconings, y cuarenta mil otras gamberradas que se les ocurran.

La última, descubierta por casualidad, tiene hasta su gracia. Un pequeño accidente en un pie, del que ya prácticamente estoy repuesto, me hizo regresar de Mallorca a Madrid solicitando el magnífico servicio de silla de ruedas, repito, mágnífico servicio, que Aena tiene establecido en sus aeropuertos, que recoge al herido o accidentado en la zona de facturación y lo lleva, por un control de equipaje especial, hasta el mismo aparato, siendo tomado en destino por otro auxiliar en el mismo avión, que, bajando por una puerta especial, le transporta rápidamente a la zona de recogida de equipajes y de allí a la parada de taxis o autobuses.

Pues bien, a la entrada del control especial del aeropuerto de Palma presencié una discusión de unos empleados de Aena con unos ingleses, a los que no se les permitió la entrada por ese camino. Preguntado mi conductor qué ocurría, su contestación no puedo ser más explícita. Son ingleses que cuando se van, suelen vendar un pie a uno de ellos, y pretenden pasar por aquí junto a unos cuantos acompañantes, ahorrándose la espera del control normal, y la llegada a la puerta de embarque, que por aquí es mucho más rápida y corta. Ahora querían pasar seis con el “accidentado” y les hemos dicho que no. Al final vamos a tener que pedirles el certificado médico para que pasen, eso sí, con un solo acompañante.

Es un caso más de la “geta” que suelen echarle algunos hijos de la Gran Bretaña cuando vienen a “hacer turismo” a España, que no hay que confundir con la picaresca española: nuestro “Lazarillo de Tormes”, o nuestra “Pícara Justina”, por citar dos de las novelas más conocidos, eran “hermanitas de la Caridad” al lado de estos señores. Al final, habrá que darles la razón a algunos políticos cuando hablan de exceso de turistas. Y aunque soy de la opinión, que no estamos saturados de turistas, algunos de ellos sobran.

@laquincena

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