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Opinión

A tomar… el fresco

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Pues sí, en muchos ayuntamientos se está prohibiendo y multando, por ocupación ilegal de terreno municipal, a los que, por no gustarles la tele y no tener aire acondicionado, se les ocurre sacar una silla en estas “noches tropicales” para poder tomar el fresco en compañía de su familia y vecinos, mientras que en otros, no solo no se les multa, incluso se les aplaude a seguir saliendo como conservación de una antigua costumbre que se daba en toda España.

Cuando todavía no existía la tele y menos los aires acondicionados, ni siquiera casi se soñaba con los citados artilugios, proliferaban en todas las ciudades y pueblos, grandes y pequeños, las tertulias nocturnas de vecinos, que salían a tomar el fresco provistos de una silla y, en la mayoría de los casos, de una botella o de una bota, en la que se mezclaba muy poco de vino con una gran cantidad de gaseosa; tal cantidad que se permitía beber, con moderación naturalmente, a los jóvenes e incluso a los de menor edad, sin miedo a que sufrieran ningún tipo de intoxicación etílica. Había vecinos que aportaban a la reunion un cubo con hielo del que se vendía en barras para las neveras de hielo para que las botellas se conservaran fresquitas. La charla, o charlas, variaban desde la política, las menos, al fútbol o los toros por parte de ellos, a las modas y problemas de los niños por parte de ellas. Mientras, los pequeños correteaban por los alrededores, jugando a tula, al escondite, etc. y los no tan niños, pedían permiso para ir a comprar un helado al quosco de la otra calle, y de paso charlar con la vecinita del tercero o el vecinito del cuarto por que solían beber los vientos el del primero y la del quinto.

En aquellas reuniones aparecía siempre el sereno, figura prácticamente desaparecida hoy, que acudía a las llamadas de aquellos vecinos que no poseían llaves del portal, para abrirles la puerta diligentemente, ganñandose una propinilla que recompensaba el escaso sueldo que solían recibir del correspondiente ayuntamiento. También podia aparecer el policía municipal vecino del barrio, y ambos, sereno y policía, autoridades municipales, no dudaban en echarse su traguito de vino con gaseosa, y pararse a charlar unos minutos en algún que otro corrillo. Pero eran otros tiempos, pues las tertulias incluso se reflejaban en algunas de nuestras más famosas zarzuelas.

Hoy, en algunos consistorios, se prohíben esas tertulias que no hacían daño a nadie y, es más, me atrevería a decir que fomentaban la unión vecinal, ya que que hoy no es raro cruzarse en el portal con una persona que desconocemos, y que un día nos enteramos que es un vecino. Sin embargo, mira por donde, las antiguas tertulias, podríamos decir, se han transformado en el llamado “botellón”, reunión de jóvenes que normalmente, no todos, se ponen hasta las orejas de cubatas, gintonics, whisquises mezclados con bebidas azucaradas, y alguna que otra sustancia, acabando en muchos casos en las urgencias hospitalarias con tremendas melopeas cuando no algún que otro coma etílico. Y, curiosamente, parecen no molestar a las autoridades, que en ocasiones las consienten y, en otras, como mucho se limitan a redirigirlas a parques y jardines alejados de las vecindades cercanas, aunque es tal el griterio que, en ocasiones, ni por esas se consigue la deseada paz nocturna. Y las más de las veces, los chavales eligen un sitio, el que les parece bien y montan la juerga sin que nadie se lo impida.

Creo, aunque ya no estoy tan seguro, que está prohibido consumir bebidas alcohólicas en plena calle, que las autoridades deben multar a los establecimientos que las expenden sin pedir documentación a los compradores a determinadas horas y, sobre todo, armar escándalo en lugares cercanos a vecindarios. Si me equivoco, corrijanme, por favor, que lo mismo las han abolido y no me he enterado.

@laquincena

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