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Opinión

Tranquilos, que todo llega

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Parece mentira, pero tan solo hace unos días estábamos comiéndonos los turrones y algo más, bebiéndonos los champagnes o los cavas o los vinos espumosos o agua, ¿qué más dará, cuando lo importante es brindar por el Año Nuevo? y ¡zas! Y cuatro días más tarde, nos hemos descuidado y nos hemos encontrado con la Semana Santa de golpe y porrazo. Y encima con buen tiempo, que según los registros no llovía o hacía frío en alguno de sus días desde hace más de seis mil años. Y sin darnos cuenta, quizá por el calor que nos ha acompañado, cuando nos hemos querido dar cuenta, ya se había terminado y como quien no quiere la cosa, estamos en mayo.
Y dentro de poco las vacaciones, eso sí, con la siempre dura “operación bikini”, pues entre turrones y otros manjares, torrijas, leches fritas y un largo etcetera de cosas todas buenas, sabrosas o dulces, que todo contribuye al engorde de los michelines, ahora viene lo peor, el horror, el más espántoso de los espantos, sí, ese, cuando nos subimos a la báscula y nos da nuestro peso verdadero y no el que esperábamos tener. Y ya sabemos que gritar chillar y hasta llorar no rebaja ningún kilo, pero ayuda mucho al desahogo.

En tal tesitura, solo nos queda hacer la promesa de ponernos a regimen inmediatamente, revisando una vez más las tablas de alimentos con pocas calorías que todos guardamos para estas terribles ocasiones y hacer uso de ellas. Si además, encontramos la de los ejercicios físicos o nos decidimos a ir al gimnasio, que entre otras cosas, también los han inventado para perder peso, miel sobre hojuelas, o cualquier otra cosa, da lo mismo, que la miel engorda y las hojuelas, se supone que son de confitería, así que nos podemos comer una hoja de lechuga o de espinacas rehogadas, que el caso es celebrar que hemos encontrado la solución.

Claro que si no estamos dispuestos al sacrificio “alimentario” ni a machacarnos los michelines en las bicis estáticas o en los gimnasios, y preferimos seguir viendo la tele, tertulias, fútbol o programas rosas, que son los que más abundan, sin tener que comer esas cosas verdes, aún queda una última y heroica solución, que también es la más cómoda. Esperar a que falten pocos días para el comienzo de las vacaciones, y comprarnos el bañador o el bikini que en esos momentos nos venga bien, que por unas tallas más, tampoco hay que preocuparse y consolarnos con eso de que los años no pasan en balde, que no es verdad pero tranquiliza mucho.

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