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El edificio, todo un símbolo en la ciudad, ha estado más de dos décadas en pie.

Paladium… ‘cuenta atrás’ para su derribo

Comienzan las obras para echar abajo el emblemático templo

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Comienza la ‘cuenta atrás’ para el derribo de Paladium, uno de los edificios más simbólicos y representativos de Coslada que echó el cierre hace casi una década y presenta un evidente estado de abandono. Será cuestión de meses borrar su estampa de la calle Jesús de San Antonio, rebautizada como la ‘calle de Paladium’ desde que esta sala de fiestas se convirtiera, junto al famoso Bachata de Torrejón de Ardoz, en emblema de la fiesta ‘discotequera’ a finales de los 90 y comienzos de 2000. Los obreros ya está cumpliendo con su cometido y, tal y como informaba el diario ABC, trabajan sobre las espectaculares columnas que le otorgaban esa señorial estética propia de la arquitectura romana clásica.

Con su desaparición, a más de uno se le escapa parte sus ‘años mozos’. “Recuerdo que Javi, un compañero de clase, era relaciones públicas y siempre nos traía entradas para todas las chicas, porque con ellas, entrábamos gratis los viernes por la tarde”. Así comenzaba el fin de semana Marta, maestra de Educación Infantil y vecina de Coslada. Hoy tiene 38 años, pero por aquel entonces era ‘habitual’ de Paladium. “Nosotras le llamábamos ‘El Templo’, y lo pasábamos fenomenal”, comenta.

En su grupo de amigas estaba Isabel. Ambas sacan una sonrisa cuando rememoran algunas de sus ‘batallitas’, sus primeros besos, los bailes o los momentos previos en la entrada, haciendo cola y saludando “a unos y a otros”, explica. La hora de ‘quedada’ eran las 17:30 horas. “Teníamos 16 años y era un punto de reunión para la mayoría de los chicos y chicas de nuestra edad. A las seis, como un clavo, ya estábamos en la puerta esperando para entrar”. Y siguen riendo… “Yo era de las buenas, solo tomaba San Francisco. Tenías que pagar y sacar ticket en una máquina (…). Costaba 500 pesetas, casi toda la paga y, a veces, lo estirabas hasta el cierre”, añade.

Por allí también pasó Ramón. “La primera vez que entré, aluciné. A mí me gustaba más la sala de canciones españolas y de pop, pero siempre dábamos una ronda por arriba e iniciábamos el ritual de ligoteo: miraditas, sonrisitas y ya entrabas”. Y Carlos celebró allí la Nochevieja de 1997. “Creo que fueron diez mil pesetas, teníamos barra libre, pero fue una locura porque había muchísima gente. Conseguir bebida era muy complicado. Pedíamos cuatro o cinco copas de golpe para no tener que volver, y se nos derretían los hielos… ¡Vaya desastre!, pero lo pasamos muy bien”.
En sus ‘buenos tiempos’ llegó a tener piscina con terraza. Había dos plantas, una dedicada a sonidos ‘tecno y dance’, donde pincharon DJ’s de la talla de Neil, Christian Millán o Abel Ramos, entre otros; y otra para himnos de moda pop y rock, la mayoría con sello nacional, aunque, de vez en cuando, también sonaban las míticas sevillanas. Incluso había cine. “Allí vi La Tapadera, de Tom Cruise… bueno, lo intenté, porque iba todo el mundo a ‘enrollarse’, como se solía decir y, al final, era imposible”, dice Sara, otra de las incondicionales de Paladium que ronda los 40 años.

CAMINO AL DECLIVE
Después cambió de nombre. Los asiduos de la sesión vespertina iban a ‘X-Kándalo’, que cerraba sus puertas para volver a abrirlas en horario nocturno y bajo la denominación de ‘Splass’. La fórmula funcionó muy bien durante un tiempo, pero las generaciones venideras optaron por otro tipo de ocio.

El ‘furor discotequero’ propio del momento no terminó de calar, y tras un par de años en fase de declive, los propietarios decidieron echar el ‘cerrojazo’ definitivo en 2009. ‘X-Kándalo’ Y ‘Splass’ ya habían pasado a la historia. Su última denominación, que pocos conocen, fue La Romanesca.

PROYECTOS
¿Y ahora qué? Parece que el derribo será progresivo. Sobre qué ocupará el solar se barajan diversas hipótesis todavía no oficiales, como la construcción de un establecimiento comercial y viviendas.

Recordar, asimismo, que el Ayuntamiento de Coslada dio luz verde a un cambio de uso en la parcela, pasando de comercial y de ocio a residencial, con el objetivo de construir un bloque de inmuebles de seis plantas. Pero el proyecto, finalmente, no llegó a buen puerto. “Es una pena, el edificio es muy bonito, podrían haberle dado algún uso, haberlo aprovechado”, dice Rosario, de 63 años. Acude a la consulta del médico del Centro de Salud de La Rambla, a escasos metros, y su hija, de 37, también fue ‘parroquiana’ de Paladium. “Solíamos acompañarla hasta la puerta, y luego la recogíamos, a eso de las diez. Iban todos los chavales del barrio”, argumenta.

Pero eso, ya es historia. Han sido más de dos décadas en pie que han dado para mucho. Del esplendor a la decadencia para terminar en abandono pasto, incluso, de algún incendio. El más reciente, este verano. Son muchos los que todavía, cuando pasan por la impresionante puerta, miran con melancolía aquel templo que ha sabido mantener su estampa majestuosa a pesar del correr del calendario. Tiene los días contados.

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