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Residuos nucleares si, residuos nucleares no, o ¿quién le pone el cascabel al gato?

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Ahora resulta que existen pueblos, curiosamente entre ellos algunos que han tenido centrales nucleares, que quieren los residuos atómicos, pues lógicamente les reportan sabrosos beneficios en tiempos de maltrechas economías y le han perdido el miedo a la “terrible” palabra nuclear. Lo malo es que los que están más arriba en sus respectivos partidos, los que podríamos llamar “Los vigilantes del voto” han echado las cuentas y creen que en vez de ganar simpatías y euros, van a perder un montón de papeletas a la hora de ir a las urnas.

La verdad es que se sabe poco de las centrales nucleares generadoras de energía eléctrica y quizá convendría que nuestros políticos decidieran que ya es hora de que se sepa qué es una central atómica, quitando a la gente el miedo a las nucleares en la medida de lo posible.

Yo tuve la suerte hace unos años de poder visitar una central nuclear española, gracias a un amigo, físico nuclear, que me invitó a hacerlo. Y la verdad es que fue una experiencia interesante. Visita especial, por más señas, realizada pocos meses después de la tragedia de Chernóbil, pude llegar hasta donde se puede llegar en una central nuclear. O sea, dicho de otra forma, a asomarme a la cubeta y ver las barras de plutonio, enfundado, eso sí, en una especie de traje de buzo y con la seria advertencia de que si una chapa que llevaba en el pecho cambiaba el color verde por el rojo pusiera pies en polvorosa.

Recuerdo, que llegamos a un punto en el que mi amigo y acompañante me dijo: “A partir de aquí, se acababa la central rusa”. Y atravesamos un muro de hormigón de unos diez metros de grosor, antes de llegar a la cubeta. “Si hubieran tenido esta protección y tomado las medidas oportunas, no habría pasado nada, terminó.
¿Y por qué los rusos no la tenían?
¿Decidieron ahorrársela?
¿Y la Organización Mundial de energía Atómica no hizo nada al respecto?
¿Quién entraba en la URSS en aquellos tiempos? ¿Quién podía discutir las órdenes de un comisario político que no atendió los consejos de los técnicos y decidió, por su cuenta, no parar la central, cuando había tiempo, pensando que peligraba su cargo si dejaba de producir energía por unas horas? ¿Quién podía discutir la orden de pararla de ese mismo comisario político a pesar de que le dijeron que era tarde y eso sólo podría acelerar la explosión, como así fue, de la cúpula de la central? Nadie. Por eso ocurrió.

Pero basta ya. La energía nuclear es limpia, no tiene que ver nada con Hiroshima y Nagasaki, eso fueron dos bombas que se tiraron en 1945 y los reactores atómicos, lo único que hacen es calentar el agua que pasa en tuberías al otro lado de la cubeta de agua pesada y enviarla a través de esas tuberías con gran presión sobre unas palas, que con su movimiento generan electricidad con el mismo sistema que los hacen las de las hidroeléctrica y las térmicas. Después, parte de esa agua en forma de vapor sale por la chimenea de la central, que digámoslo de una vez, es lo único que sale y el resto, totalmente purificada vuelve al río de donde previamente se había tomado.

Y resulta que además, es la energía más barata, diez veces más que la eólica o la solar. las otras que no contaminan, pero sí estropean paisajes y encima dependen de que haya viento y haga sol, y cinco veces más que la térmica, que no estropea paisajes, pero suelta todo tipo de porquerías contaminantes a la atmósfera.

Y ya que hablamos de economías, ¿Por qué no decir que llevar los residuos a que los entierren en Francia nos cuesta 60.000 euros, o si lo prefieren 10 millones de antiguas pesetas, al día, o casi 22 millones de euros al año?

Los residuos se entierran a una gran profundidad, encerraditos en bidones de sólido hormigón, y poco a poco van perdiendo la radioactividad hasta transformarse en plomo en cien, doscientos o miles de años. Y si un día alguien los descubre, puede que todavía sigan radioactivos, pero para que la radioactividdad funcione y mate, tienen que cometer la torpeza de abrir los bidones y exponerse durante un tiempo determinado a ella.

También puede ser que nuestra madre Tierra, se cabree un día y explote el núcleo, o que el Sol nos engulla o que un meteorito gordo, que no se detecte a tiempo, nos pegue un castañazo que nos mande a hacer compañía a los dinosaurios, o cuarenta mil cosas más, que la mente de la humanidad todavía no ha imaginado.

Claro, que después de todo, quien le quita a los partidos que los votos son los votos, pero ya va siendo hora de que alguien le ponga el cascabel al gato o, lo que es lo mismo, se deje de falsos ecologismos que no nos conducen a ningún sitio.

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